Familia Redentorista

Ordenación sacerdotal redentorista en Indonesia

El 20 de octubre de 2021, en el 62 aniversario del establecimiento de la Diócesis de Weetebula, 6 diáconos en nuestra Congregación fueron ordenados por el obispo Edmund Woga CSsR. Estos seis jóvenes Redentoristas con una fe fuerte y una gran esperanza llegaron al frente del altar para ser ungidos como sacerdotes.

La Provincia Redentorista de Vietnam

(Saigón, Vietnam) En la fiesta de San Gerardo, 16 de octubre de 2021, a las 8:30 am, el obispo Joseph Dinh Duc Dao, obispo emérito de la diócesis de Xuan Loc, ordenó al diaconado a 8 estudiantes redentoristas y a 8 diáconos redentoristas al sacerdocio.

Haití: dos nuevos sacerdotes redentoristas



En medio del caos que reina en la capital haitiana, los redentoristas celebraron la ordenacion sacerdotal de 2 jóvenes diáconos. Con la inmensa alegría de la comunidad les comparto esta buena noticia. 

El domingo 17 de octubre, un día después de la fiesta de san Gerardo Mayela, la Congregación del Santísimo Redentor, de manera particular  la Región de Puerto Príncipe, en un ambiente de alegría y de acción de gracias, ha celebrado la ordenación sacerdotal de los diáconos Jonas SEIDE, C.Ss.R y Jokébed LEONARD, C.Ss.R en la parroquia San Gerardo, por la imposición de manos de su Excelencia Monseñor Louis N. KÉBREAU, sdb, Arzobispo Emérito de la Arquidiócesis de Cap-Haïtien. 


LA VOCACIÓN REDENTORISTA

Ministerio de los Redentoristas en Siberia


En octubre misionero visitamos la lejana parroquia redentorista de Kemerovo, Siberia, Rusia.  Viajando por caminos anchos y largos de Siberia y conociendo gente, podemos experimentar su vida sencilla y su hospitalidad y sentir la sed de redención, del precioso don de Jesús que ofrece a todos.


Los Redentoristas en Rusia y Kazajstán comenzaron su trabajo en 1993. Viven en cuatro comunidades en Rusia (Orenburg, Orsk, Kemerovo y Togliatti) y una comunidad en Kazajstán. Actualmente hay nueve padres de la provincia de Varsovia. Trabajan en parroquias muy extendidas, principalmente en ruso, dirigen misiones y retiros parroquiales, publican libros y otras publicaciones y colaboran con la Iglesia Ortodoxa en el campo ecuménico, cuando es posible.

Un año de jubileo en honor a nuestro hermano 
San Clemente
El 15 de marzo de 2020, conmemoraremos el bicentenario de la muerte del redentorista San Clemente Hofbauer. El Gobierno General de los Redentoristas ha proclamado este año como un año de jubileo en honor a nuestro hermano San Clemente. Este año jubilar nos llama a conectar nuestras vidas y situaciones con las suyas. Nos llama a una conciencia renovada de cómo nosotros, como Clemente, estamos llamados a la misión de proclamar la Buena Nueva de la redención abundante en tiempos y contextos desafiantes, siempre con esperanza y vigor misionero.
Carta de Michael Brehl, Superior General de los Redentoristas
02 de febrero de 2020 Fiesta de la Presentación del Señor

Queridos Cohermanos, Hermanas y Asociados en la Misión:

El 15 de marzo de 2020 es el bicentenario de la muerte de San Clemente Maria Hofbauer, conocido generalmente por "el apóstol de Varsovia y Viena" y el "segundo Fundador de la Congregación". La aportación de San Clemente a la historia y desarrollo de la Congregación del Santísimo Redentor ha dejado en nuestra espiritualidad y misión una huella indeleble.

Por esto, el Gobierno General ha decidido decretar un Año Jubilar en honor de San Clemente: del 15 de marzo de 2020 al 15 de marzo de2O21. Durante este Jubileo, recordaremos, una vez más, tanto la persona como la labor de nuestro cohermano Clemente, cuya "vida – según personalmente afirmaron quienes lo conocieron - se basó en el amor a Dios y a la iglesia, y en su deseo de dirigir las almas a Dios". A Clemente le tocó vivir política y religiosamente una época muy difícil. Fue el suyo, un tiempo de hostilidad hacia la iglesia y hacia la vida religiosa, pero supo abrir un camino a la renovación cristiana. A él se debió que la vida religiosa renaciera en Varsovia y en Viena.

Clemente vivió una época histórica muy diferente a la nuestra; sería erróneo, por tanto, imitar o copiar, sin más, su labor y su espiritualidad. Además, Clemente nos instruye en determinados aspectos de la vida religiosa que son muy relevantes hoy día: el valor de la oración y la fidelidad a Dios, el celo apostólico y la dedicación a los abandonados y pobres, asociación de laicos en la misión, la fidelidad a la iglesia y la perseverancia en el carisma de nuestra Congregación.

De Clemente podemos aprender cómo vivir en comunión con Dios y ser, al mismo tiempo, apóstoles celosos que se dedican a la proclamación del Evangelio a los más pobres y abandonados. Al igual que San Alfonso, la genialidad de Clemente estuvo en armonizar la vida interior con la actividad apostólica, ya que ambas dimensiones corren frecuentemente peligro de disociarse. Para los Redentoristas, el Reino de Dios no puede construirse si está separada la vida interior de la actividad misionera. Sin pasión y fuego en el corazón, la dedicación al Pueblo de Dios y a la actividad apostólica se convierten en algo meramente exterior.

La fortaleza y el celo apostólico de Clemente se basaron en una fe inquebrantable y en una confianza absoluta en Dios. Solía repetir a sus cohermanos: "Dejen que Dios les guíe y todo saldrá bien". No olvidemos que Clemente ejerció el apostolado frecuentemente en un ambiente de extrema hostilidad y teniendo enfrente a feroces enemigos de la iglesia. Cuando lo atacaban solfa repetir con firmeza: "Soy, sin duda, un gran pecador, un hombre lleno de miserias, pero poseo un tesoro que Dios me ha dado, el tesoro de la fe y de una fe tan firme que no quisiera cambiarla por la de nadie. Soy católico de los pies a la cabeza".

Una constante preocupación de Clemente fue la de formar como apóstoles a laicos comprometidos, hombres y mujeres. Poco después de su llegada a Varsovia creó grupos de laicos a los que formó y preparó para ejercer el apostolado en diversos ámbitos de la vida eclesial. En 1788 creó una comunidad de laicos, llamados oblatos; es decir, consagrados a Dios. Clemente señaló que el fin fundamental de los Oblatos era la propia santificación, seguir a Jesús con toda el alma, escuchar la Palabra de Dios, ser miembros de un círculo de oración, practicar los sacramentos de la iglesia, alentar la fidelidad al Santo Padre y a las enseñanzas de la iglesia, y difundir la prensa católica especialmente los libros piadosos. Su llegada a Viena hizo que allí donde estuviera se convirtiera en un "centro misionero", en un lugar de encuentro, particularmente para los jóvenes y, especialmente, para los estudiantes universitarios que lo eligieron como maestro, consejero y amigo.
Clemente se distinguió igualmente por su gran amor a la iglesia y al Santo Padre. Solía repetir en sus sermones: "Quien no quiera a la iglesia como madre no tendrá a Dios como Padre". Exhortaba a todos a orar por el Santo Padre y a que indujeran a otros a hacer lo mismo. Esto fortalecería la propia identidad católica y ayudaría también al Papa en sus responsabilidades.

Clemente también fomentó en los demás una gran estima y amor filial a nuestro Fundador, San Alfonso Maria de Liguori. Además, trató con ahínco de permanecer fiel al carisma de la Congregación. Uno de los testigos en su proceso de beatificación declaró cómo inculcaba en sus cohermanos el amor al Fundador y a la Congregación: "Fue Clemente quien me infundió el amor a San Alfonso y a su Congregación. El había escuchado personalmente a Alfonso y hablaba siempre de sus cohermanos italianos de Roma con el mayor amor, lo que hizo que me inculcara un profundo amor a San Alfonso y a la Congregación". Siguiendo el espíritu de Alfonso, Clemente se esforzó constantemente por vivir y trabajar, juntamente con sus cohermanos, en la comunidad apostólica, incluso cuando las autoridades civiles le ponían numerosos obstáculos en el camino.
El amor de Clemente al prójimo, especialmente a los más pobres y abandonados, surgió de su gran amor a Dios. Lo llamaban "padre de los pobres"; y es que los pobres, los abandonados y los marginados encontraban en el a un compañero y a un amigo sincero. Vivió junto a los pobres, siendo el mismo pobre, y compartiendo generosamente cuanto tenía con ellos.

Frecuentemente pasaba tiempo con los enfermos y moribundos, preparándolos a través del sacramento de la reconciliación para su encuentro con Cristo Redentor.

Queridos hermanos y hermanas, quisiera concluir con las palabras de Clemente, de hace más de doscientos años, dirigidas a sus cohermanos, Esas palabras tienen un carácter tan universal que pueden alentarnos también a nosotros a entregar nuestra vida y nuestra misión a Dios y a buscar su voluntad en todo cuanto hagamos.

"¡Animo! ¡Dios es el Señor!" Él lo dirige todo para gloria suya y para nuestro bien; nada puede oponerse a é1. Todos los planes humanos, incluso diseñados con el mayor detalle, solo valen si se orientan al cumplimiento de su voluntad... Veo que todo lo que parece hecho para hacernos daño nos lleva hasta donde el Señor quiere... Dejémonos guiar por Dios y todo irá bien... Queridos hermanos, tengamos cuidado con el pecado y esforcémonos por la perfección. Esto es lo único que debemos tener en cuenta. Seamos valientes de corazón y animémonos mutuamente a hacer el bien. Tratémonos unos a otros con amor. A todos los saludo en el Corazón de Jesús".

Que este afro jubilar sea un acicate para continuar con valentía la misión de la Congregación. !Que podamos, al igual que San Clemente, predicar el Evangelio siempre como testigos proféticos del Redentor en solidaridad con la misión en un mundo herido!

Aliento a todas las Unidades y a todas las comunidades locales a organizar alguna actividad o evento con el que honrar a San Clemente en este Año Jubilar; y que lo comuniquen a aquellos a quienes somos enviados hoy. Que el espíritu misionero y el celo apostólico de Clemente animen todos nuestros planes apostólicos.

Su hermano en Cristo, Nuestro Redentor,
Michael Brehl, CSsR.,
Superior General


La bendición del Papa Francisco para la Familia Redentorista celebrando el Jubileo de San Clemente
March 13, 2020

El Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, en nombre del Papa Francisco, dirigió una carta al Padre General con motivo del 200 aniversario de la muerte de San Clemente. Recordando los hechos significativos de la vida de nuestro Santo Cohermano, el Cardenal destacó su pasión por trabajar para Dios y para el prójimo y la gran fe de San Clemente, que confió en Dios incluso en situaciones difíciles, en medio de malentendidos y fracasos.


San Clemente Hofbauer insta a las comunidades cristianas contemporáneas a dejar atrás la seguridad mundana y los esquemas pastorales anticuados y a liberarse de los miedos y la pereza para poder acoger el grito de los hombres y mujeres heridos que se levanta hoy en día en nuestras ciudades, y así llevar la alegría del Evangelio a todas partes. – que leemos en la carta.


En conclusión, el Cardenal expresa los deseos del Santo Padre y comunica la bendición papal a todos los que celebran el Jubileo de San Clemente.


A continuación presentamos el texto completo de la carta del Vaticano (traducido del italiano)


Reverendo Padre

Michael BREHL, C.Ss.R.

Superior General

Congregación del Santísimo Redentor

Via Merulana, 31

00185 ROMA


En el Vaticano, a 7 de marzo de 2020


Reverendo Padre:


En su cortés carta del 2 de febrero pasado, Usted, al informar al Sumo Pontífice acerca del Bicentenario de la muerte de S. Clemente Hofbauer C.Ss.R., solicitó reproponer la singular y poliédrica figura a los cristianos de nuestro tiempo.


Su Santidad, acogiendo este devoto gesto, se une con gusto a la alegría de la Congregación y espera que las celebraciones en cuestión constituyan una valiosa oportunidad para hacer que el testimonio del Cohermano Santo, que fiel al espíritu apostólico del Fundador, S. Alfonso María de Liguori, hizo todo lo posible por proclamar el Evangelio en las diversas periferias de su tiempo y para difundir la Congregación del Santísimo Redentor más allá de los Alpes, sentando las bases para su posterior difusión en todo el mundo.


Para llevar a cabo su larga y ejemplar aventura humana y espiritual fue, ante todo, su gran fe, recibida sobre el regazo materno de su tierra natal de Tasswitz, en Moravia, la que lo llevó, a pasar por numerosas y dolorosas situaciones y en diferentes contextos sociales y políticos, a abandonarse con plena confianza en los brazos del Padre celestial y a no perder la esperanza de alcanzar la codiciada meta del Sacerdocio, incluso cuando todo parecía obstaculizarla. Con el feliz ingreso en la Congregación del Santísimo Redentor, aprovechó esta inesperada oportunidad para recibir una gracia particular y un nuevo llamado a servir a la causa del Evangelio y a dar testimonio del precioso tesoro de la fe, inicialmente en Polonia, debido a las leyes vigentes en su Patria, y más tarde en Viena.


La fe, profundamente arraigada en su existencia y enriquecida por las enseñanzas del Fundador, lo llevó a considerar peligrosa y casi antinatural la incredulidad y el alejamiento de Dios de muchos de sus contemporáneos y a buscar siempre nuevas formas para que la alegría del Evangelio llegase a todos, promoviendo experiencias cada vez más ricas de humanidad y de vida cristiana.


La misma pasión por la causa de Dios y sus hermanos lo llevó a ponerse al servicio de la pobreza presente en la ciudad de Varsovia, ofreciendo, con la ayuda material, la posibilidad de una vida más digna, libre de analfabetismo y peligros morales a: huérfanos, a los niños abandonados, a las niñas y a los jóvenes de todas las naciones y religiones presentes en la ciudad, siempre confiando en la divina Providencia y en la ayuda de personas generosas, a quienes no dudó pedir limosna y colaboración por el amor de los hermanos.


Trasladado a Viena en el período de madurez, su inquietud misionera se extendió a otras periferias: al mundo universitario y al de la cultura, induciendo a muchos científicos y artistas ilustres, no solo a acercarse a la Iglesia, sino también a una vida espiritual intensa y consciente, tratando de colmar la pobreza interior, diferente pero no distinta, de los que llevaron al Fundador a apasionarse por la condición de los pobres e ignorantes del Sur de Italia. Prestó especial atención al mundo de la juventud y, especialmente, a los estudiantes que lo vieron como un amigo acogedor y un sacerdote que contagiaba con su fe y su bondad a los que se le acercaban. Gracias a este compromiso, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, nobles y burgueses, académicos y artistas, funcionarios estatales y prelados, estudiantes y profesores confiaron en su liderazgo y difundieron su espiritualidad, ejerciendo su influencia en todas las áreas de la sociedad.


Con una fe fuerte que lo llevó a esperar contra toda esperanza en la firme convicción de que “lo que parece imposible al hombre, siempre es posible para Dios”, San Clemente Hofbauer exhortaba a las comunidades cristianas contemporáneas a salir de las certezas mundanas y los esquemas pastorales obsoletos y liberarse de los temores y la pereza para acoger el grito del hombre herido que emerge en nuestras ciudades y llevar la alegría del Evangelio a todas partes.


Mientras hace votos fervientes por el éxito de las celebraciones del Bicentenario, el Santo Padre invoca la protección celestial del Cohermano Santo y de San Alfonso María de Liguori y le imparte de todo corazón y a toda la Congregación del Santísimo Redentor y a todos los que participarán en este evento la Bendición Apostólica, la promesa de toda gracia y de un renovado compromiso misionero.


Al unir mis personales felicitaciones, aprovecho la circunstancia para presentarme con un sentido de estima religiosa


della Paternità Vostra Reverenda

dev.mo


Pietro Card. Parolin

Segretario di Stato


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